Historia

Representación del Sermón del Paraíso en una imagen antigua. FOTO: ARCHIVO FAMILIA RUIZ

Viernes Santo de Madrugada, centenares de devotos alumbran con su presencia el inicio de la procesión, el comienzo de un recorrido apuntalado en el peso de la tradición y en la honda devoción. La iglesia de San Francisco, colmada de baenenses, espera el momento, la salida de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Un llanto de emoción rompe el rumor de los congregados, es la simbiosis del sentimiento religioso con el recuerdo pasado.

La procesión de Nuestro Padre Jesús Nazareno es una de las que levantan mayor atracción entre los baenenses, la capital de la cola negra. Difícil resulta justificar emociones, pero la presencia de Nuestro Padre Jesús Nazareno, la imagen más sentida de la localidad, junto con la abundante presencia de hermanos, la riqueza de sus hermandades o la consideración del Viernes Santo como el día culmen de la Semana Santa de Baena, provoca esta devoción.

La cofradía fue fundada el 29 de abril de 1589 por los franciscanos con el nombre de Cofradía del Cordón del Seráfico Padre San Francisco y Cofradía de los Nazarenos, aunque el libro más antiguo que se posee es de 1830. Como en las localidades más importantes de la provincia, una orden religiosa, los Franciscanos, jugará un papel fundamental en el nacimiento de la hermandad de Nazarenos, que tiene su origen en la fusión con una cofradía más antigua establecida en la iglesia de San Francisco.

Durante el periodo del Barroco, la cofradía adquiere a lo largo del siglo XVII y principios del XVIII su configuración definitiva al procesionar seis pasos: Santa Cruz, Jesús Nazareno, San Juan, Santa María Magdalena, la Verónica y Nuestra Señora. Es en esta etapa cuando, además de la incorporación de las nuevas imágenes, la cofradía enriquece su protocolo con la presencia de figuras bíblicas y escenificaciones como el sermón del Paso o de Pasión en la plaza del Coso. Según Juan Aranda Doncel, sería precisamente en el último cuarto del siglo XVII o principios del XVIII cuando la imagen primitiva de la cofradía va ser sustituida por otra de estética barroca a la que se le da el título de Nuestra Señora de los Dolores. La incorporación de las imágenes de Santa María de la Magdalena y la Verónica hay que relacionarla con el sermón de Pasión que se desarrolla en la plaza del Coso.

El sermón del Paraíso surge durante el siglo XVII-XVIII como elemento peculiar del Barroco. El sermón comienza con la escenificación de la expulsión del paraíso terrenal de Adán y Eva al cometer el pecado original, tras lo cual se representa el sacrificio de Isaac y distintas  secuencias de la Pasión de Cristo.

Durante el último cuarto del siglo XIX, la cofradía vive una etapa de vitalidad, debida fundamentalmente a la devoción que despierta entre los baenenses la imagen de Jesús Nazareno. Así, una de las novedades que se introducen es la procesión en honor de Jesús Nazareno en 1876 todos los 14 de septiembre, incorporándose la imagen de la Virgen definitivamente a partir de 1926.

El último gran impulso de la cofradía se produciría en la década de los años veinte del presente siglo, cuando se produce un gran aumento del número de hermanos y se fundan las hermandades de la Magdalena (febrero de 1926), la Verónica (marzo de 1926), San Juan (abril de 1928) y la hermandad de Nazarenos de la Virgen (marzo de 1925).  La hermandad de la Virgen de los Dolores, ante el gran auge que había alcanzado, se dividirá en dos cuadrillas en junio de 1922. En agosto de 1924 se reorganizan la hermandad de los Profetas, mientras que en abril de 1928 se recuperan los Apóstoles.

Como sucediera con el resto de las cofradías, la II República provocaría una honda crisis en la estructura semanasantera, de la que no volvería a resurgir sino a través del impulso realizado desde la jerarquía eclesiástica a partir de 1937. No obstante, en 1938 sólo se celebraron actos religiosos en el templo de San Francisco, reanudando el desfile procesional a partir de 1939. Desde entonces, la cofradía pasaría un periodo de calma y reafirmación que culminaría en la década de los ochenta con un destacado impulso, paralelo al del resto de las cofradías. En este periodo, concretamente, se restauraría la hermandad de la Vera Cruz.

 

La procesión