Historia

Abrazo a Jesús del Prendimiento en la Almedina de Baena. FOTO: M. PRIEGO

Hubo un momento en el que las autoridades religiosas decidieron suspender cualquier representación de las figuras bíblicas que pudieran ser poco decorosas. Así fue como apóstoles, profetas, judíos y otros personajes, que se habían extendido en la provincia desde las primeras décadas del siglo XVII, fueron perseguidas por la jerarquía eclesiástica a través del dictado de distintos decretos que, si bien causaron la desaparición en otros municipios, no lograron que este fin en Baena. Eso no significa que no se hayan adaptado a los nuevos tiempos y que las iniciales indumentarias fueran sustituidas, sobre todo durante el siglo XX, por otras más lujosas, asumiendo las influencias de otras localidades de la provincia. La túnica morada, mantilla de color, rostrillo y peluca negra, peculiar de los apóstoles del Jueves Santo hasta las primeras dos décadas del siglo XX , fue reemplazada por otras más lujosas de terciopelo, se mejoraron los rostrillos, los atributos y martirios. En aquellos años finales del siglo XIX se hablaba de la misma hermandad de los Apóstoles que, junto a las Virtudes, procesionaban el Miércoles y el Jueves Santo. En los estatutos de 1935 ya habrán desaparecido y la imagen de San Pedro será portada por los trajecillos blancos.

Didáctica de las figuras

La historia de los pasos o escenificaciones que se representan durante los recorridos procesionales en la Semana Santa de Baena se podría estructurar en los últimos cuatro siglos en cuatro periodos fundamentales: etapa de enseñanza doctrinal, etapa de generalización y conflicto con la autoridad civil y eclesiástica, etapa de persecución por la autoridad y, por último, etapa de recuperación y consolidación actual. El periodo incipiente se extendería desde la celebración del Concilio de Trento hasta las primeras décadas del siglo XVII, cuando la iglesia decide incluir escenificaciones para contrarrestar el empuje del protestantismo y adoctrinar a la población con la representación de pequeños autos o pasos en los que se narraban desde los grandes pasajes del Antiguo Testamento a la pasión, muerte y resurrección de Cristo. La segunda etapa estaría definida por la popularización de los pasos y el creciente interés de la población por participar en los desfiles procesionales, aunque también por el comienzo de las fricciones con las autoridades civiles y religiosas. La tercera podría iniciarse con las primeras disposiciones del cardenal Salazar en 1688 para intentar controlar las “libiandades” que se producían en los desfiles , la continuación de la persecución con el obispo Miguel Vicente Cebrián a partir de 1742, las pragmáticas de Carlos III y la acentuación de las prohibiciones en el siglo XIX con obispos como Pedro Antonio de Trevilla o Juan Alfonso de Alburquerque. Pese a todas estas disposiciones, la tradición en Baena pesó más que las normativas procedentes de la Diócesis de Córdoba o la autoridad civil. Aunque se corrigieron algunas de las actitudes perseguidas por la Iglesia, se consiguieron mantener y se consolidaron con el paso de las décadas en los siglos XIX y XX, llegando a nuestros días el actual rico patrimonio de las escenificaciones.
Y es que, junto a la peculiaridad de sus judíos y el gran valor artístico de algunas de sus imágenes, la escenificación de estos pequeños pasos durante el recorrido de las procesiones se convierte en uno de los elementos diferenciadores de la Semana Santa de Baena, al recuperar aquellos que ya se celebraban hace cuatro siglos. Todo ello pese a que con el paso de los años algunas de las representaciones se han visto muy afectadas, ya que se transmitían de generación en generación a través de la fuente oral, puesto que a excepción del Sermón del Paraíso, copiado en 1857 por López Arriero, no existe constancia escrita de ninguno otro con anterioridad. Habría que recurrir a la novela ‘Juanita la Larga’, de Juan Valera, para tratar de encontrar una fuente escrita de otro de los pasos más populares de la Semana Santa, el protagonizado por los evangelistas, o a los libros de actas en los que figura la compra de arreos o indumentarias para su puesta en escena. De ahí la importancia que supuso en 1990 la recopilación que hizo Juan Torrico en su ‘Libro de Pasos’, puesto que hasta entonces no se había recogido el ceremonial, justificación religiosa y raíces de estas sencillas escenificaciones en su totalidad.
Con todo, si en nuestros días Baena se ha convertido en uno de los municipios que conservan de una manera más completa estos elementos dramáticos, hay que matizar que en muchos pueblos eran habituales las representaciones en los siglos XVII, XVIII y XIX, aunque fueron desapareciendo por las prohibiciones de la autoridad civil y eclesiástica. Por eso, era habitual que se pusieran en escena teatrillos sobre el pecado original, el sacrificio de Isaac o el prendimiento de Jesús, sobre todo en las zonas rurales, ya que la Iglesia pretendía enseñar al pueblo inculto el mensaje cristiano. Así fue cómo surgieron los pasos, que pudieron tener sus antecedentes en los autos sacramentales medievales o en las escenificaciones de carros durante el Corpus Christi.

 

Los pasos actuales