Historia

Magnífica talla de San Pedro, atribuida a Alonso Cano, que fue destruida en 1936. ARCHIVO: F. EXPÓSITO

Pocos datos existen sobre el origen de la hermandad de San Pedro, aunque hay que desvincularla de la antigua cofradía del mismo titular que estaba integrada por el clero de Baena, como se analiza en un artículo más adelante, y que se responsabilizaba del cuidado de los niños expósitos. Lo que sí está claro es que cuando se creó la cofradía de la Vera Cruz no procesionaba la hermandad de San Pedro ni el resto que se incorporaría en las décadas posteriores. Baena había sido una de las localidades en las que antes apareció la hermandad de la Vera Cruz, pues su origen se puede acercar al segundo lustro de la década de los cuarenta del siglo XVI (1), cuando hermanos de luz y disciplinantes, que van azotándose durante la procesión, integran la hermandad vestidos de túnica y capirote blancos.

El origen de la hermandad de San Pedro hay que buscarlo en el esplendor barroco que impulsa la Semana Santa de Baena a partir del siglo XVII. Junto al judío antiguo, ése que viste túnica y rostrillo, se incorporan personajes que representan a las figuras bíblicas del antiguo y nuevo testamento, se realizan representaciones y se aportan elementos musicales como tambores o trompetas.

En este periodo se completa la estructura fundamental de la cofradía con la adquisición de las imágenes de la Santa Cruz, Jesús Preso, San Pedro, Jesús de la Humildad y San Juan. Poco se sabe de la hermandad de San Pedro, pues no se han encontrado documentos a los que recurrir para analizar ese origen. Tampoco se conoce si la hermandad de los Apóstoles se incluía en la de San Pedro. Lo más probable es que fuera independiente de los hermanos de andas, tal y como se puede interpretar de los estatutos de 1895 y de los distintos cuadrilleros de ambas hermandades que se reflejan en el primer libro de actas de la cofradía tras su restauración en 1813.

Como decíamos antes, en el siglo XVII pudo incorporarse la imagen de San Pedro al desfile del Jueves Santo si atendemos a las distintas atribuciones que se hicieron de la antigua talla vinculada a Alonso Cano. Así debieron pasar las décadas, mientras que los disciplinantes de sangre, los apóstoles y el resto de figuras bíblicas comenzaron a ser mal vistos por las autoridades eclesiásticas y civiles, como se  narra en un artículo más adelante. Esa persecución provocó la extinción de la cofradía de la Vera Cruz a finales del siglo XVIII. Juan Aranda Doncel (2) considera que el real decreto que dictó Carlos III en febrero de 1777 estuvo detrás de la desaparición de la cofradía del Jueves Santo y de todas las hermandades: “La eliminación de los disciplinantes por la pragmática real de 1777 tiene una especial incidencia en la cofradía de la Vera Cruz de Baena, cuya situación crítica se agudiza hasta el punto de que desaparece inmediatamente después de la entrada en vigor de la mencionada cédula de Carlos III”.

La recuperación de 1813

Hasta el año 1813 no se produciría la reorganización de la cofradía. El 23 de marzo de ese año 23 personas solicitaron la licencia para reiniciar el desfile procesional con las imágenes de Jesús del Prendimiento, María Santísima de la Soledad, Cristo de la Humildad, San Juan y San Pedro. El 7 de abril de 1813, siendo obispo Vicente de Espinosa, se concedió la licencia a la cofradía, aunque se ponía como condición que no se contravinieran los decretos del obispo Trevilla en los que se prohibían los elementos barrocos en las procesiones. No obstante, esta condición no llegó a cumplirse y pronto reaparecieron las figuras bíblicas y escenificaciones.

Los gastos necesarios para sufragar los costes del desfile procesional, tal y como se recoge en el libro de actas, se recaudarán con las limosnas que, como se hacía antiguamente,  conseguían durante todo el año. Así se remarca en el citado libro: “… hacen presente a V.S.S., que en esta dicha villa se acostumbró de muy antiguo sacar una devota procesión el Jueves Santo de cada un año con las imágenes de Jesús, su Madre Santísima, y San Juan y San Pedro, a costa de las limosnas que la Cofradía de la Vera Cruz establecida en el Hospital de Jesús Nazareno de esta expresa Villa, recogía con este fin en el discurso del año, pero abandonada por más de treinta y quatro años esta piadosa práctica,…”. Esa referencia a San Pedro nos permite constatar que desde la desaparición de la cofradía en los años sesenta del siglo XVIII y en su recuperación en 1813 figuraba el paso de San Pedro. Incluso, en el acta del 18 de abril se recoge al primer cuadrillero del que se tiene constancia en la hermandad de San Pedro, Diego Seto (o Soto).

La cofradía llegaría a alcanzar en poco tiempo una gran difusión, contando también con la aportación de las dominicas del convento de Madre de Dios y las hermanas de la Congregación del Hospital de Jesús Nazareno, que se incorporaron a la cofradía para ganar indulgencias concedidas por la Santa Sede. Ese esplendor recuperado de la cofradía permitió también la mejora de las andas de la Virgen, Prendimiento y Cristo de la Humildad en 1816. Incluso, se llegó a aprobar ese año el desfile procesional de Jesús Nazareno, aunque no debió llevarse a la práctica pues no hay referencias posteriores en el primer libro de actas que se conserva. En esos años, concretamente en 1814, se aprueba que en la mañana del Jueves Santo los hermanos de la Vera Cruz acudan a comulgar a Santa María la Mayor.

Poco se habla entonces de la hermandad de los Apóstoles, aunque se supone su existencia en esta centuria, como sucedía en la cofradía del Viernes Santo.

Las normas persecutorias que volvieron a reiterarse por la autoridad eclesiástica no llegaron a tener consecuencias en la Semana Santa de la localidad, aunque surgieron periodos de crisis en la cofradía que pusieron en grandes dificultades la procesión del Jueves Santo. Así sucedió, por ejemplo, tras los sucesos de 1819, cuando sufrirá uno de sus mayores periodos de crisis. El conflicto entre la sociedad civil, que no estaba dispuesta a asumir las prohibiciones eclesiásticas de suprimir los pasos y los rostrillos de los desfiles procesionales, y las disposiciones del Obispado generó una situación de tensión que nunca antes había llegado a tales niveles. En la tarde del Jueves Santo, como recoge Aranda Doncel, llegaron a producirse los momentos de más tensión, lo que obligó al vicario, ante la imposibilidad de frenar los hechos, a remitir un escrito al alcalde en el que le comunica lo sucedido y le pide que tome medidas: “El vicario eclesiástico de estas Yglesias, su notario y alguacil, an tenido que separarse de la procesión de esta tarde en la que por sorpresa desde el patio del Palacio del Conde de Altamira se an introducido cuarenta y cinco hermanos de los que se titulan judíos con la cara cubierta con carátula: la parroquia a devido sufrir hasta la conclusión de la procesión por evitar un alvoroto que ya estava indicado por aver algunos de los mismos paseado así enmascarados el pueblo esta mañana y tarde; y siendo V.S. tan exacto en el cumplimiento de las Reales Ordenes y prohibiendo éstas y los decreto de visita semejantes avusos y muy posible que los demás gremios a la incitación se exedan, ruego a V.S. tome las medidas que estime oportunas para el día inmediato y lo que estime conveniente, quedándome copia de este oficio, y añadiendo que ya van también cuatro evangelistas y un profeta. Son las cinco y media de la tarde del Jueves Santo ocho de Abril de mil ochocientos diez y nueve” (3).

A partir de este año entraría la cofradía en un periodo de postración del que no se recuperaría hasta la década de los cuarenta. En el mismo año 1819 se aprueba un nuevo reglamento eclesiástico que entraría en vigor en la Semana Santa de 1820. Entonces se ordena erradicar todos los elementos barrocos de las procesiones, las representaciones y las figuras bíblicas: “Quedan suprimidos los pasos del Descendimiento, el de los Apóstoles, Discípulos, Ángeles, Sivilas, Virtudes y todos aquellos que sean distintos de los expresados en el artículo 4º”. Este artículo recoge que solo desfilarán el Viernes Santo por la tarde las imágenes de Oración del Huerto, Jesús atado a la columna, Jesús Nazareno, Jesús Crucificado, Santo Sepulcro y Soledad.

No sería hasta el 13 de junio de 1895 cuando hay una nueva referencia a la hermandad de San Pedro. Entonces hay un gran debate en la cofradía porque algunas hermandades, entre ellas la de San Pedro, declaran un inferior número de integrantes para abonar menos limosnas. Ese acta nos permite conocer que la hermandad, que tenía como encargado a Francisco Contreras, contaba con cuarenta hermanos. La ausencia de cuadrillero permitió la elección de Rafael Herenas Burrueco el 13 de junio de ese año. En 1895 aparece como cuadrillero de los Apóstoles Juan Ramírez, que se mantendría hasta su fallecimiento en el cargo, ocurrido en 1906. Entonces asumirá la responsabilidad Antonio Burrueco.

El siguiente documento, los estatutos de 1895, nos permitirá conocer en profundidad cómo era la hermandad en el siglo XIX, su peculiar indumentaria y corroborar la existencia independiente de las hermandades de San Pedro y de los Apóstoles. Los estatutos se convierten en el reglamento en el que se recoge la unificación de cabildos de las cofradías del miércoles y jueves santo, tras la celebración del primer cabildo conjunto el 15 de agosto de 1895 y la aprobación del articulado en el cabildo del 20 de septiembre.

Abrazo de los Apóstoles en la Almedina. Foto de Domingo Rojano publicada en ‘Cabildo’ en 1991.

Los apóstoles del siglo XIX

Los estatutos de la cofradía de la Santa Vera Cruz y Santo Cristo de la Sangre de 1895 tienen una especial importancia para la historiografía del judío, ya que, por primera vez, se explicita cómo vestían y quiénes eran los hermanos que portaban cola negra (lanceros) o cola blanca (hermanos de caja o tambor, cuadrilleros y abanderados), sin que existiera rivalidad por el color de la cola. Estos estatutos destacan también por la riqueza en la descripción de la indumentaria del resto de las hermandades de ambas cofradías, lo que permite conocer cómo vestían, el orden que seguía la procesión del Miércoles y Jueves Santo y, lo más importante, algunos aspectos internos sobre la hermandad de los Apóstoles y su participación en la cofradía.

Una de las cuestiones más interesantes que se aportan es la descripción de la vestimenta (artículo 37, apartado segundo) al indicarse que los Apóstoles vestirán “rostro con cabellera negra, túnica morada y mantilla de color”. Esta indumentaria, como sucede en otros municipios, es la que caracterizará a los apóstoles durante el siglo XVIII y XIX, pues no sería hasta el siglo XX cuando se asumen los ropajes de terciopelo en Baena, por influencia de otras localidades como Puente Genil.

A través del articulado se pueden conocer otros aspectos relevantes de los apóstoles. Así, se describe qué hermanos debían pagar los ropajes y cuáles aportaba la cofradía. En el caso de los apóstoles, sus integrantes poseían la túnica y la mantilla, mientras que los rostrillos eran propiedad de la cofradía y “cuantos objetos sean necesarios y precisos a la corporación” (artículo 38).

Los hermanos de andas, albaceas, trompeteros, judíos y Virtudes también pagaban sus vestimentas, mientras que las de los de profetas, evangelistas, romanos, Judas, rey de los judíos y Pilatos pertenecían a la cofradía. Para conservar el vestuario se asignaba al mayordomo esta responsabilidad: “Las ropas y utensilios que sean propiedad de esta cofradía se guardarán en poder del Mayordomo, el que cuidará del buen estado de conservación de las mismas; a cuyo efecto estarán inventariadas; entregándolas a los cofrades que las hayan de usar por medio de recibo previniéndoles de su buen estado” (artículo 47).

El documento estatutario permite descubrir otros aspectos como la existencia en el siglo XIX de una hermandad de andas de San Pedro y otra de Apóstoles en la cofradía del Jueves Santo, totalmente independientes. Así, en el artículo 46 se fija el número de cuadrillas y se establece que existe una sola cuadrilla de hermanos Apóstoles y nueve cuadrillas de hermanos de andas para portar a las distintas imágenes, a las que se agregan los albaceas. Los estatutos reflejan que la hermandad de los Apóstoles no sólo participaba en la procesión del Jueves Santo, sino que también lo hacía el miércoles, o que en la cofradía había hermandades ya desaparecidas, como las Virtudes y los Profetas.

Tampoco el orden procesional se ha mantenido en la actualidad. Mientras que en la procesión del Santo Cristo de la Sangre (Miércoles Santo) la hermandad de los Apóstoles se situaba tras la imagen de Jesús de los Azotes, y por delante de las Virtudes, en el Jueves Santo lo hacía detrás de la imagen de San Pedro, posición que se ha invertido en la actualidad al procesionar los apóstoles delante de San Pedro. Eran otros tiempos. Entonces el desfile se iniciaba con el guión o gallardete de la cofradía, tras lo cual se situaban los Profetas. El trono de la Vera Cruz, con sus hermanos de andas, abría calle, precediendo a Nuestro Padre Jesús Preso y a una escolta de la turba de judíos redoblando. La procesión continuaba con el desfile de los evangelistas, la turba de judíos y la cuadrilla de romanos. La imagen de San Pedro antecedía a los Apóstoles y Virtudes, para después continuar en el recorrido las imágenes de Jesús de la Humildad, San Juan y Nuestra Señora de los Dolores. La cruz parroquial cerraba el desfile.

Otro aspecto importante en el que incidían los estatutos era el mantenimiento económico de la cofradía. En el artículo 6 se desglosa la aportación que debían hacer los distintos tipos de hermanos “para la existencia y conservación de esta cofradía”. Así, los hermanos de andas debían abonar dos reales por socio en concepto de limosna anual. Los apóstoles y romanos cincuenta céntimos de peseta por hermano, mientras que los judíos y trompeteros entregarían veinte céntimos por socio. Cuando fallecía un integrante de la cofradía la cuota de entierro se fijaba entre 10 y 25 céntimos.

Imagen de San Pedro, al que se da culto en la iglesia de San Bartolomé. Año 2007. FOTO: F. EXPÓSITO

Los estatutos de 1935

La crisis que se origina en la Semana Santa de Baena con la II República tendrá un gran impacto en algunas hermandades, llegando a producirse su desaparición. En el caso de los Apóstoles, se pueden establecer dos fechas en las que se constata la permanencia y la extinción de la hermandad de figuras bíblicas. El citado artículo de Fernando Vázquez Ocaña publicado en febrero de 1926 por la revista ‘Andalucía ilustrada’ refleja la existencia de los Apóstoles del Jueves Santo, mientras que en los estatutos de 1935 ya se ha producido su desaparición.

En el primer documento, el periodista baenense, que tuvo que exiliarse con el Franquismo y no volvió a España, habla de la participación de los Apóstoles en los actos del Jueves Santo al narrar el paso del lavatorio y el abrazo. Vázquez Ocaña explica que, tras el lavatorio en Santa María la Mayor, tiene lugar la salida de la procesión desde la iglesia del hospital de Jesús Nazareno, donde se organiza el prendimiento que el día anterior habían celebrado en “Las Monjas”.

“Muchos baenenses la presencian desde lo alto de las torres ruinosas del Castillo de los Fernández de Córdoba, donde el Rey Boabdil el Chico estuvo preso. Y hay algo que recuerda, salvando el tiempo y la indumentaria los días trágicos de Jerusalem. Al pié de las piedras doradas vibran los tambores y las trompetas sueltan sus tararís triunfales. Prendido Jesús, los apóstoles se despiden de él. Pedro abraza al Señor y luego, el que había de ser fundador de Roma, abraza a sus compañeros. Pero Judas, el traidor se evade y la multitud lo apostrofa…”

El periodista, como decíamos, también describiría de “soberbia talla” la imagen de San Pedro, “atribuida a Alonso Cano, el prodigioso granadino…”.

Pocos años después se produce la desaparición de la hermandad de los Apóstoles. Así, en los estatutos de la cofradía de 1935 se hace mención a la posibilidad de su recuperación (artículo 17), lo que viene a indicar que había dejado de existir en esos años: “En lo sucesivo podrán formarse otras Hermandades como por ejemplo la de los Apóstoles que existía antiguamente en esta Cofradía, …”.

Respecto a los hermanos de andas de San Pedro, se identifican a estos con los trajecillos blancos (artículo 18) cuando se asegura que la hermandad estaba integrada por nueve cuadrillas, quizás por rememorar lo que se decía en los estatutos de 1895 cuando se indicaba que había nueve cuadrillas de hermanos de andas. En el artículo 18 se da protagonismo a los trajecillos blancos y se señala que son los que llevan las imágenes: “La Hermandad de trajecillos blancos, de antiguo esplendor y que llegó á constar de nueve cuadrillas, se compone en la actualidad de dos. Estos hermanos son los encargados de sacar en procesión las imágenes de San Diego y Nuestro Padre Jesús del Huerto el Miércoles Santo y Jesús Preso y San Pedro el Jueves Santo…”.

Un año después de aprobarse los estatutos de la cofradía se inició la Guerra Civil. La imagen de San Pedro sería una de las que desaparecían en 1936. Hasta el año 1982, cuando la hermandad de Jesús del Prendimiento impulsa la recuperación de los Apóstoles y adquiere una nueva talla, no volvería a desfilar.

Primeros apóstoles de San Pedro en la reorganización de 1982.

La década de oro

Tras décadas muy complicadas para la celebración de la Semana Santa de Baena, tanto por las dificultades generadas con la posguerra, como por la emigración, los años ochenta se pueden considerar como la década de oro de la Semana Santa de Baena. La incorporación de la juventud y de la mujer, que asumen un protagonismo activo, impulsará significativamente el movimiento cofradiero local. Los ochenta pasarán a la historia como la década en la que se creó el mayor número de hermandades en la historia del movimiento semanasantero local, a lo que se unirá el papel director de la Agrupación de Cofradías, que se había constituido en 1977, pese a las múltiples trabas que pusieron algunos dirigentes semanasanteros. A comienzos de los años ochenta se formaliza la cofradía de la Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén y se produce la fundación o reorganización de las hermandades de San Diego, los Discípulos de Jesús del Huerto (después sería hermandad del Cristo de los Azotes), Vera Cruz (en las cofradías de la Vera Cruz, Jesús Nazareno y Dulce Nombre de Jesús), Apóstoles de San Pedro, primera cuadrilla de Discípulos del Resucitado, centuria romana del Miércoles y Jueves Santo, Figuras Bíblicas de Jesús Nazareno, San Juan (cofradía de la Vera Cruz) y Magdalena (Real Archicofradía del Rosario).

En esta década hay que destacar también la publicación de la revista ‘Cabildo’ (el primer número es de 1983), la declaración de interés turístico de la Semana Santa, la creación del museo de Semana Santa en la Casa de la Tercia, el nombramiento de la primera mujer como hermana mayor (Socorro Burrueco), la recuperación del pregón de la Semana Santa (a partir de 1986) o la organización de la procesión del Sábado de Gloria. En estos años se produce la expansión de la figura del judío hasta consolidarse ocho cuadrillas en las turbas de la cola negra y la cola blanca o la recuperación de hermandades como Jesús del Prendimiento o Cristo de la Sangre, que en los ochenta reciben un fuerte impulso por la entrada de hermanos.

En este periodo de fortalecimiento de la Semana Santa de Baena tiene lugar la reorganización de los Apóstoles de San Pedro, sin que se decidiera su participación en la cofradía de Jesús del Huerto y San Diego, como lo hacía antiguamente, al emanar de la hermandad de Jesús del Prendimiento.

Hermanos de San Pedro, en una imagen publicada en la revista ‘Cabildo’ en 2002.

El renacimiento de la hermandad

La recuperación de la hermandad de los Apóstoles fue consecuencia de otro proyecto que se gestó un par de años antes de su primera salida procesional. El cuadrillero de la hermandad de Jesús del Prendimiento, Vicente Mejías Esquinas, se había rodeado de una activa directiva que pronto comenzaría a dar resultados. Al incremento de integrantes se unió la elaboración de nuevos proyectos dirigidos a la mejora del patrimonio de la hermandad. Esas inquietudes se trasladaron a las hermandades existentes y se vieron favorecidas por el impulso cofradiero que vivió Baena en los años ochenta. De uno de los proyectos de la hermandad de Jesús del Prendimiento, la adquisición de unos nuevos faroles para el trono de la imagen, emanó la posterior creación de la hermandad de los Apóstoles. Como cuenta el entonces cuadrillero en una entrevista publicada unas páginas más adelante, la recaudación para la compra de unos faroles para el paso fue mayor de la esperada, por lo que en el seno de la hermandad surgió la idea de recuperar la hermandad de los Apóstoles de San Pedro Arrepentido. Como suele suceder en muchos de los proyectos de nuestra Semana Santa, el tiempo fue pasando y la Semana Santa de 1982 se iba acercando cuando se decidió la reorganización de la hermandad. El entonces tesorero de Jesús del Prendimiento, José Ruiz Jiménez, lo comentaba en un artículo publicado en la revista ‘Cabildo’ en 1984: “En el año 1980 acordamos volver a incorporar al Jueves Santo la figura de San Pedro que ya en tiempos saliera. De esta forma, propuesto en el Cabildo de Santa Marina, aprobado y con el apoyo de todos, empezamos a realizar gestiones y a visitar escultores contando tan sólo con una fotografía de la imagen del antiguo San Pedro que amablemente nos cedieron las Hermanas de la Caridad que rigen en Santa Marina”.

Por la falta de tiempo, imagineros de Sevilla y Córdoba rechazaron asumir la elaboración de la nueva imagen a cinco o seis meses del Jueves Santo. Cuando ya parecía imposible su ejecución, un artesano de Puente Genil, Domingo Bordás Esojo, se comprometió a realizar la talla en poco más de tres meses. “Queríamos la imagen en el mismo paso que salía antiguamente y nos la hizo”, afirma Vicente Mejías. El coste ascendió a 300.000 pesetas (José Ruiz habla de 275.000 en la citada revista ‘Cabildo’), aunque la hermandad del Prendimiento tuvo que aportar otras 50.000 más para la ropa de la imagen y las llaves, adquiridas en Ceuta. Ahora había que confeccionar los ropajes de los once apóstoles y los rostrillos. Varias mujeres, entre las que se encontraba la primera camarera de la imagen, Francisca González, dedicaron muchas horas para tener a tiempo las indumentarias. Más complicado fue encontrar un artesano para diseñar y realizar los rostrillos, no sólo por la falta de tiempo, sino también por la inversión que sería necesario hacer. Como describirá Vicente Mejías González más adelante, de su experiencia en un colegio del barrio cordobés de Las Moreras en la confección de marionetas nació la responsabilidad de elaborar las caretas para los once apóstoles. De nada sirvió que le dijera a su padre que no había hecho antes ningún rostrillo. En la Navidad de 1981, a contrarreloj, comenzó la preparación de las primeras carátulas de los discípulos de Jesús. Si Vicente Mejías realizó los rostrillos, José Galisteo Cruz se encargó de decorarlos. Tampoco había tiempo ni dinero para adquirir unas andas para la imagen. Ese primer año cedió el trono José Torres, cuadrillero de la hermandad de Jesús de la Ventana. Al año siguiente, 1983, pudo contar la imagen de San Pedro con unas andas en propiedad. Como cuenta José Ruiz, los gastos totales de la hermandad hasta 1983 habían ascendido a 1,2 millones de pesetas, que se recaudaron con rifas, loterías y donativos.

El libro de actas de la cofradía de la Vera Cruz no recogería la recuperación de la hermandad de San Pedro hasta el cabildo del 21 de febrero de 1982. En el asunto cuarto se comunica la existencia de los nuevos apóstoles:

«Por D. Vicente Mejías Esquinas, cuadrillero de Jesús del Prendimiento, se nos comunica a los presentes que este año la hermandad de Jesús del Prendimiento ha comprado una imagen de San Pedro, igual que aquella que ardiera en los años de la Guerra Civil, que esto ha sido gracias a la colaboración de todos los hermanos de su hermandad y también a suscripción popular de todo el pueblo de Baena”.

En esta recaudación se indica que han colaborado entidades comerciales, bancarias y particulares. Asimismo, se describe que la imagen desfilará tras las turbas de judíos y que “sacarán” las figuras bíblicas de los Apóstoles, que quedan adscritas a la hermandad de Jesús del Prendimiento.

Apóstoles en los Oficios de 2007. FOTO: JOSÉ CARLOS PRIEGO

La búsqueda de Apóstoles

El otro proceso que emprendió la hermandad de Jesús del Prendimiento fue la búsqueda de los once hermanos que representarían a los apóstoles. Sólo había una condición. “Para salir de apóstol debían ser hermanos de Jesús del Prendimiento”, cuenta Vicente Mejías. Así fue como, entre los voluntarios de la hermandad del Jueves Santo, se eligieron a los nuevos discípulos de Jesús. Entre los candidatos que se presentaron se hizo un sorteo. Así lo cuenta el primer cuadrillero de la hermandad en su reorganización, José Ruiz:

“Recuerdo que en la Semana Santa de 1982 había tres miembros de la familia Cortés (Vicente, José y Manuel), mi hijo Álvaro, Antonio Gómez Urbano ‘Noniqui’, Francisco Gómez, Francisco Estévez, Vicente Mejías González,… Durante muchos años estuvieron saliendo casi los mismos hermanos”.

La ilusión de ese primer año y el nerviosismo fue grande entre los nuevos apóstoles. La hermandad se vio protagonista desde el inicio al participar en el lavatorio de la iglesia auxiliar, el abrazo y el prendimiento de Jesús. La felicitación por esta primera Semana Santa se reflejó en el libro de actas de la cofradía: “Se da un voto de gracia al cuadrillero de Jesús del Prendimiento por la compra que gracias a él y a un grupo de colaboradores de la hermandad que han hecho posible la compra de la imagen de San Pedro” (4).El nombramiento de José Ruiz como cuadrillero de los Apóstoles no se reflejó en el libro de actas hasta el cabildo del 17 de abril de 1983. En ese mismo cabildo la hermandad de la Virgen de los Dolores (Miércoles Santo) solicitó desfilar con tambor ronco, petición que fue rechazada, presentando su dimisión Antonio Garrido Soriano como cuadrillero. Entonces fue propuesto Alfredo Castro Bujalance, que sugiere un cambio de indumentaria que fue aprobado (túnica azul de terciopelo, capa y capirucho blanco de raso). Nombrado como cuadrillero, José Ruiz llevó a la asamblea de la hermandad que los apóstoles, en lugar de ser sorteados entre los voluntarios todos los años, repitieran por un plazo de diez años. De esta manera, según diría José Ruiz, se mantendría la continuidad de la hermandad y se conseguiría una mayor formalidad en los distintos actos en los que participaban, desde el lavatorio, al abrazo o el prendimiento.

Este acuerdo se mantendría hasta la marcha de José Ruiz como cuadrillero, a principios de la década de los noventa. Hasta anunciar que no continuaría la hermandad pasó por diferentes dificultades, no sólo económicas, ya que hubo momentos en los que se produjo algunas desavenencias por el comportamiento de algunos de los apóstoles durante la Semana Santa.

Antonio Gómez Urbano, uno de los primeros apóstoles en la recuperación de la hermandad en los años ochenta del pasado siglo.

El abandono de la crisis

Hasta que la enfermedad se lo impidió, Antonio Gómez Urbano ‘Noniqui’ participó todos los años como apóstol de San Pedro. Él conoció la ilusión que se generó con la recuperación de la hermandad de figuras bíblicas, aunque también constató la crisis en la que estaban entrando los apóstoles. Su hijo, el actual cuadrillero de la hermandad, fue reacio en un primer momento a desfilar como apóstol, aunque pronto asumió la responsabilidad de mantener la línea de continuidad familiar que había iniciado su padre. Antes de ser nombrado cuadrillero, Antonio Gómez Mérida desfiló cuatro años con la indumentaria del Jueves Santo. Las dificultades económicas que sufría la hermandad de Jesús del Prendimiento para costear a dos imágenes en procesión (había una importante deuda en los apóstoles a principios de los años noventa) y la necesidad de una reorganización de la hermandad para garantizar su supervivencia no invitaban a asumir la responsabilidad de cuadrillero, aunque Antonio Gómez aceptó finalmente la proposición. En el cabildo del 10 de mayo de 1992 se leyó un escrito fechado dos días antes en el que se recogía la nueva directiva de la hermandad de los Discípulos de San Pedro, al frente de la cual figuraba Antonio Gómez Mérida, aunque su elección se había producido en el año 1991. “La hermandad comenzaba una nueva andadura y el primer reto era conseguir hermanos para ella. Una hermandad sola, con nuestro apóstol y alguna que otra deuda pendiente. Pero a mayor dificultad más esfuerzo e ilusión”, explica Antonio Gómez. El resto de los órganos directivos estaba ocupado por José Antonio Lucena Alarcón (teniente cuadrillero), Rafael Tovar Cruz (secretario-tesorero) y Rafael Martínez Toledo y J. Antonio Párraga, como vocales.

La renovación de la hermandad de San Pedro se produjo en el mismo cabildo en el que se tomó la decisión de prohibir la asistencia de los judíos de la cola negra a la procesión del Miércoles Santo de 1993 tras abandonar la turba la procesión del Miércoles Santo de 1992, aunque finalmente no se produjo esta suspensión. No obstante, los judíos de la cola negra no volverían a desfilar en la procesión del Jueves Santo.

La elección de la nueva directiva de la hermandad de los Apóstoles también provocó la separación definitiva con Jesús del Prendimiento. A partir de entonces ambas hermandades han seguido un camino independiente. El nuevo cuadrillero reunió un nuevo grupo de personas que representasen a los apóstoles, produciéndose una renovación absoluta al no permanecer ninguno de los miembros que habían participado en la reorganización. Antonio Gómez se encontró en esos años con la necesidad de eliminar la deuda que tenía la hermandad, pero también con esa inquietud de buscar a diez apóstoles nuevos, pues sólo Domingo Mudarra, que había procesionado en los últimos años de José Ruiz como cuadrillero, permaneció entre los once elegidos. Entre los conocidos y algún familiar fue reclutando integrantes hasta componer la nueva hermandad. “El primer año conseguí que los Apóstoles fueran representados por mis amigos y familiares más cercanos.  Así fue como empezamos, poco a poco se fueron quedando como hermanos muchos amigos”, explica el segundo cuadrillero desde la reorganización.

No fue fácil reemprender el camino para los Apóstoles de San Pedro, aunque con el paso del tiempo, con la entrada y salida de integrantes, se fue consolidando un grupo de apóstoles que, desde el inicio, se involucraron en los nuevos proyectos que fueron surgiendo. Así fue como a inicios del año 2000 la hermandad comenzó a pensar en consolidar la estructura que había alcanzado con el desarrollo de proyectos que contribuyeran también a incrementar el número de integrantes y a mejorar su participación en el desfile procesional del Jueves Santo. A esto se unió también el gran respaldo que prestó el párroco de Santa María la Mayor y consiliario de la cofradía, Virgilio Olmo. La hermandad encontró en don Virgilio un gran apoyo para consolidar su estructura, como se desprende de los elogios que en numerosas ocasiones dedicó a “mis apóstoles”, expresión con los que se dirigía a ellos.

Los retos se sucedieron para la humilde hermandad. Primero procedió a la adquisición de un nuevo estandarte, las sandalias y cordones para los apóstoles. Con el paso del tiempo se pensó que se podría completar la hermandad, al menos en los actos del lavatorio y del prendimiento, con la figura de San Pedro. Para ello, el mismo autor de los rostrillos primitivos, Vicente Mejías González, realizó la nueva careta. Sin embargo, esta figura, que se estrenó en la Semana Santa de 1997, sólo ha participado en algunas ocasiones en los actos de la hermandad.

Apóstoles y hermanos de San Pedro en una imagen de 2007.

La consolidación del número de hermanos que personificaran a los apóstoles posibilitó la incorporación de más integrantes a la hermandad para empujar la imagen de San Pedro. En 1999 la hermandad incorporó a un grupo de jóvenes como hermanos de andas, que comenzaron también a participar en las actividades recaudatorias de fondos para así asumir nuevos retos. En el año 2001, la imagen de San Pedro estrenó nueva aureola y siguió aumentando su número. En la revista ‘Cabildo’ de 2001 ya se recogía entre sus proyectos la adquisición de unas nuevas andas, el cambio de indumentaria de los discípulos de San Pedro y la posibilidad de portar la talla a hombros de su cuadrilla de andas. Esa idea fue madurando con el paso del tiempo. El primer paso se dio con la modificación de los rostrillos en 2002. Las once carátulas fueron realizadas por Antonio García. Al año siguiente la hermandad estrenó su nueva indumentaria, que abandonaba el ropaje de terciopelo y empleaba otros textiles más cercanos a los que vistieron los antiguos apóstoles. En 2004 la imagen de San Pedro cambió su túnica y se sustituyó el gallo que desfila con la talla en el trono.

El cambio de las andas de San Pedro se produjo en la Semana Santa de 2006. La hermandad invirtió unos 15.000 euros en el trono que adquirió en los talleres de Orovio de la Torre, de Ciudad Real. Ese mismo año también se produjo el estreno de la indumentaria de la cuadrilla de andas, que viste túnica color crema y verdugo en granate.

Precisamente, el cabildo de la cofradía de la Vera Cruz aprobó el 17 de abril de 2005 la creación de la cuadrilla de andas de la hermandad de los Apóstoles por 16 votos a favor y ninguno en contra. Con este acuerdo se confirmaba el crecimiento que ha tenido la hermandad en los últimos años y el proyecto que tiene de portar la imagen de San Pedro a hombros, junto con la incorporación de nuevas imágenes bíblicas, entre las que se podrían encontrar las Virtudes u otros personajes del Antiguo Testamento, recuperando así unas figuras que desfilaban en la cofradía antiguamente.

Esta consolidación de la hermandad se ha visto reflejada también con la participación desde finales de la década de los noventa en la procesión que organiza la asociación de vecinos de San Pedro con motivo de su onomástica el 29 de junio. En torno al fin de semana más cercano, la hermandad procesionaba una pequeña imagen del primer Papa de la Iglesia que se encuentra en la iglesia de San Bartolomé y celebraba una comida de convivencia entre todos sus integrantes y simpatizantes.

Virtudes en los oficios de 2008. FOTO: MANUEL PRIEGO

La hermandad de San Pedro aprobó la incorporación de las figuras bíblicas de las siete Virtudes en el seno de su organización en asamblea general ordinaria celebrada el 14 de marzo de 2008, aunque no se sometió a votación definitiva hasta la asamblea del 19 de octubre de 2008, logrando el respaldo unánime de todos los asistentes. Los estatutos de 1895 de la cofradía de la Santa Vera Cruz y Santo Cristo de la Sangre recogían en su artículo 8 la existencia de las Virtudes y en el artículo 34 fijaba que iban situados tras los Apóstoles. La petición a la cofradía se cursó el 6 de febrero de 2009 y su primer desfile procesional se produjo el Jueves Santo de 2010.

En 2006 procesionó por primera vez la hermandad de andas de San Pedro, tras incorporarse unas nuevas andas. La imagen procesiona a hombros de sus hermanos desde 2013.

Miserere del Jueves de Pasión en 2015. FOTO: MANUEL PRIEGO

 

NOTAS

1 ARANDA DONCEL, J.: “Historia de la Semana Santa de Baena durante los siglos XVI al XX”. Baena, 1995.

2 ARANDA DONCEL,J., op. cit.

3 Archivo General del Obispado de Córdoba. Provisorato. Asuntos ordinarios. Legajo 45, f. 76r-v.

4 Cabildo general ordinario del 1 de mayo de 1982. En este mismo cabildo se nombró camarera de la imagen de San Pedro a Francisca González.

 

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