Jueves Santo

Era Jueves Santo del año 2020. Las redes sociales eran utilizadas por el Ayuntamiento de Baena para informar de los trabajos que hacían para desinfectar las calles ante el coronavirus o sobre la evolución de la pandemia. “#Limpieza. Durante el pasado fin de semana y los primeros días de esta semana, se ha procedido en #Baena a la segunda fase de desinfección, con maquinaria agrícola y operarios a pie. Muchísimas gracias a toda la ciudadanía por su colaboración”. Se comunicaban las donaciones que hacían las empresas de mascarillas, protectores de cara o guantes. Las hermandades y cofradías transmitían lo que estaban haciendo para socorrer a quien más lo necesitaba.

En los balcones se montaban altares y se colocaban imágenes de las devociones de cada familia. El tambor y la corneta no dejaron de escucharse desde los balcones y las terrazas de las casas. Las fotografías y los vídeos de los cofrades que se subían a las redes sociales permitían conocer la diversidad de la Semana Santa baenense, descubrir las calles en las que una u otra hermandad tenían una mayor presencia. Las televisiones locales recuperaron las procesiones del año anterior y las programaban a la misma hora de la estación de penitencia. La Agrupación de Cofradías organizó un amplio programa de estrenos a través de YouTube. ¿Quién podía mostrar en tan pocos minutos tanta idiosincrasia?

El Jueves Santo de 2020 no se oyó el toque de calle de los judíos de la cola negra para asistir a las confesiones de San Francisco. Esa turba en la que siempre tendría un lugar destacado en su historia Manuel Guijarro, el cuadrillero de la sexta que tanto trabajó por la Semana Santa de Baena.

Tampoco hubo lavatorio de los Apóstoles, ni desfile de estaciones, ni se organizó la procesión de Jesús del Prendimiento, ni los hermanos de la cofradía del Santísimo Cristo del Perdón recorrieron las calles de la Almedina. Es complicado explicar todo cuando no se está pendiente del tiempo para ver si lloverá o no. Ese Jueves Santo llegó la lluvia y el campo lo agradeció. Tampoco se comentaba si se cumplían los horarios en la procesión o si hubo algún corte. Nadie hablaba de estrenos en las hermandades. Todo se postergó para la Semana Santa de 2021.

Pero, era Jueves Santo, y nadie pudo dejar de pensar ese día dónde estaría de no haber sido por aquella distópica realidad de aquel año del confinamiento. Seguramente,  estaría cumpliendo los protocolos y las tradiciones familiares que siempre defendió el Cofrade Ejemplar, don Juan Torrico Lomeña. Recuerden…

Como cada año, por la mañana hubiera acudido a la iglesia de Santa Marina para ver el exorno floral de la imagen de San Pedro y del resto de pasos que integraban la cofradía más familiar de la Semana Santa de Baena. Sí, quizás sorprenda que diga esto, pero lo mismo que en algunas hermandades son familias completas las que inscriben a los más pequeños desde que nacen a su devoción, en la cofradía del Jueves Santo hay una familia que desde hacía décadas venía trabajando en las distintas hermandades de la cofradía. La familia Mejías, junto a sus directivas y el apoyo de todos sus integrantes y los cofrades que les antecedieron, consolidaron la estructura de la cofradía en los años ochenta y noventa.

Santa Marina. Ahí no hubo protagonismos de unas hermandades sobre otras, solo el trabajo perseverante para recuperar la cofradía que más sufrió por la guerra civil del 36. Revuelo en la iglesia, nerviosismo en las hermandades porque se acercaba el día más grande del año para la cofradía. El olor del clavel impregnaba el templo, pero no había silencio. Era un correr de un lado a otro, yendo a casa a por el último olvido, pero, siempre, trabajo en cofradía de una hermandades con otras. ¡Cuánto esfuerzo para un solo día! Esa mañana de cualquier Jueves Santo nadie dudaba de que estaban tejiendo la historia de la cofradía.

Y la Iglesia Mayor, que estuvo muchas décadas en ruinas hasta que la demanda constante del cura Virgilio encontró en un alcalde, Luis Moreno, el entusiasmo necesario para su recuperación definitiva. Un 28 de marzo de 2003 se estrenó la ansiada, la muy deseada restauración de Santa María. Allí, los Apóstoles de San Pedro y las Virtudes se preparaban cada mañana de Jueves Santo para participar después en los oficios y el lavatorio de los apóstoles. Como cada año, una hora antes de los oficios, sobre las 15.30, todos los hermanos de San Pedro ya estaban en el cuartel. Era el momento de compartir unos minutos de recuerdos y devoción, para probar las sandalias y cómo quedaban los rostrillos y el ropaje de la figura bíblica que personificaba cada uno. A las 16.15, todos vestidos de apóstoles, virtudes y hermanos de andas, el rojo estandarte marcaba el camino hasta Santa María.

Las anécdotas de esos oficios merecerían muchas líneas para las que no había tiempo. Solemnidad, fe, sentimientos, historia, … eras partícipe de unos momentos cumbres para cualquier católico. Y allí estaban siempre Noniqui y María José. Seguro que en otras hermandades habría otro Noniqui y otra María José, baenenses que construían nuestra Semana Santa desde la humildad y el trabajo constante, estuviera el cuadrillero que estuviera. Llevarían otros nombres, se llamarían Ramón, Vicente, Emilio, Guadalupe, Lourdes, Pilar… ¿Qué sería de nuestra Cuaresma sin ellos? Ellos siempre serían cofrades ejemplares.

A las 17.30, casi corriendo entre calles que no formaban parte del recorrido oficial del desfile de las estaciones, la hermandad de San Pedro se dirigía a su lugar en este deslumbrante evento organizado por la Agrupación de Cofradías. No había descanso. Cuando finalizaba el desfile había que dirigirse al cuartel para tomar un rápido bocadillo y estar preparado para la procesión que se iniciaba sobre las 20.00 horas. Y los apóstoles estaban allí para recuperar el emotivo abrazo a Jesús del Prendimiento y al resto de discípulos de Jesús, para después vender Judas a Jesús y ser prendido. Crisantos ya no era Judas, pero el discípulo traidor seguía siendo personificado por uno de los integrantes de su familia, junto a las murallas derruidas del castillo.

Tras el paso, se iniciaba la procesión. Como siempre, con el rostrillo puesto, pensaría en el lento comienzo del desfile, lo que se tardaba en bajar desde Santa Marina hasta el Paseo, el frío que hizo algunos años… Pero todo formaba parte de la historia del Jueves Santo que siempre se adentraba en el Viernes Santo. A su término, sobre las 0.30 o las 1.00, era la llegada al cuartel para descansar y hacer familia con los hermanos de San Pedro. Poco tiempo, porque la madrugada llamaba para procesionar y llevar a hombros a la Virgen de los Dolores. En la lejanía se escuchaba el tambor ronco del silencio y el cruce de los Enlutaos.

Jueves Santo en Baena.

admin

Entusiasta del aprendizaje permanente, soy doctor en Periodismo. Disfruto con la historia de la comunicación y el periodismo corporativo y las nuevas formas de comunicación. En mis ratos libres, investigo sobre Baena, pueblo en el que nací, y sus tradiciones.

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