¿Estaban locos?

Cada vez fueron viniendo más turistas. Desde hacía décadas comenzó a descubrirse una celebración que no era como las demás. La Semana Santa era diferente. Miles de baenenses se colgaban un tambor de chillones, se colocaban un incómodo casco de metal, del que emergía un plumero de plumas de oca pintadas y del que caída una rizada cola de caballo, negra o blanca. Para llamar aún más la atención, lucían una chaqueta de paño rojo bordada. Nadie iba a la guerra, pero todos hacían su guerra dentro de las enfrentadas turbas de la cola negra y la cola blanca. Algunos de esos judíos, incluso, le ponían nombre al tambor. Nadie dudaba en la antigua villa. El himno del baenense era el sonido de su tambor.

El semblante de aquellos vecinos del año 2020 cambiaba al escuchar a lo lejos, desde algún balcón o desde algún patio, el quetan-quetan-plan o el interminable redoble de auténticos maestros del tambor de chillones. Incluso, se celebraban concursos de redoble o se organizaban todos los años escuelas de redoble para que desde pequeños los niños supieran tocar el himno del tambor. Si en cualquier municipio se reconocía la labor de un hijo insigne de la localidad rotulando una calle, en Baena se ponía el nombre de expertos redoblantes ya fallecidos, como El Soldao, o se hicieron peticiones para que Pepe Gan, uno de los que revolucionarios del judío moderno, también tuviera su calle.

El judío era una figura que se exaltaba por su idiosincrasia en los pregones que cada año se celebraban. Ese año de 2020 no hubo exaltación del judío.La calle Herrador era de judíos y de romanos negros. Llegaba la Cuaresma y la caja no enmudecía. Allí estaban los hijos de Carmen ‘la Gabriela’, pero también otros vecinos de las calles cercanas que tocaban el tambor con perfección, como Cruz Mesa, Nono el de Simón y Óscar, el nieto de Pupe… Todos fueron cabos de tambor en distintas centurias romanas. Llegar a cabo entonces era el mayor reconocimiento para un redoblante.El tambor vibraba en los baenenses, pero todos sabían ya que esa Cuaresma las turbas de judíos no llamarían a formación.

Era Sábado de Pasión y desde temprano todos esperaban que se anunciara que el confinamiento seguiría otras dos semanas más. Gobernaba en España un presidente socialista, Pedro Sánchez, y el Ayuntamiento de Baena era presidido por Cristina Piernagorda, del Partido Popular. En un año normal, la cofradía que fundara el párroco de Santa María la Mayor estaría preparándose para la procesión de la Borriquita. Por la tarde, como cada Sábado de Pasión, se hubiera celebrado el miserere de los hermanos de Jesús y de los romanos negros en San Francisco.Atrás había quedado la víspera de San José y los redobles de los maestros del tambor. En el recuerdo estaba la imagen de los años anteriores…

admin

Entusiasta del aprendizaje permanente, soy doctor en Periodismo. Disfruto con la historia de la comunicación y el periodismo corporativo y las nuevas formas de comunicación. En mis ratos libres, investigo sobre Baena, pueblo en el que nací, y sus tradiciones.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.